Apología de un estudiante mediocre

7 Dic

Corre el año 2005, el año en que me gradué de la universidad, cuando un joven Miguel, se encontraba sentado, afuera del cubículo de su maestra, esperando que ella fuera piadosa en no reprobar a este joven mediocre.

No fué la primera vez que estuve “en la cuerda floja”, durante mis estudios. También recuerdo una vez que un profesor al que yo admiro, se quitó los lentes, se frotó el entrecejo en señal de desaprobación y dijo lo siguiente “Miguel… ¿cuánto tiempo vas a poder jugar este juego?, siempre estás al límite, entregas tarde, tienes excusas y francamente la vida no soporta ese estilo indefinidamente”. Por supuesto, yo agaché la cabeza, me entristecí un poquito, pero estaba feliz, porque sabía que mi calificación sería aprobatoria.

Si nos vamos a la prepa, mi coordinador, luego director, me escribió una carta de su puño y letra, en la cual elogiaba mis cualidades, pero criticaba muy duramente mi esfuerzo y mi dedicación tildándolo de “insuficiente”. Recuerdo que la carta decía algo similar a “hay momentos para todo, es diferente ser simpático que el payaso de la clase… si no rectificas ahora, tu futuro será sombrío”. Por supuesto, la cita no es textual, es una aproximación.

Si le sigo, jamás acabaría. Debo admitir que fuí bastante descuidado en mis años de estudiante, y además arrogante, pues pensé que ese pasado jamás me perseguiría. Ahora que estoy más peludito, me doy cuenta que la reputación lo es todo. Me perdí de muchas cosas “serias” puesto que mis mismos compañeros no me creían capaz, me di cuenta que en los negocios, un minuto tarde es la diferencia entre tener una relación laboral y no tenerla. Me di cuenta, que cuando eres adulto y suplicas ya no eres “lindo”, eres patético.

La cuestión aqui es que, por fin he rectificado, no estoy hablando de un cambio de 180° de la noche a la mañana, estoy hablando de un esfuerzo duro y constante. Estoy hablando de años de trabajo, de autodidáctica y de nuevos estudios formales. Hablo de un cambio de actitud sostenida que incluso hoy por hoy, se siguen enfrentando a fantasmas del pasado.

Eso me recuerda el día que me encontré un viejo amigo en la universidad, yo iba a mi clase de maestría y él estaba ahí por coincidencia. Al verme, su cara denotó inmediatamente gusto, al igual que la mia, intercambiamos saludos y abrazos hasta que llegó la pregunta “¿qué haces aquí?. Yo respondí “estoy haciendo maestría” y el inmediatamente me dijo “de seguro te la está pagando tu mamá”.

No puedo expresar lo profundamente herido que me sentí en ese momento, se que no fué su intención ofenderme (o al menos eso me gusta creer), pero no pude evitar sentirme de esa manera. Mi madre acababa de morir (como año y medio aproximadamente), y tenía tiempo viviendo y mantenteniéndome solo (cosa que él no), y todo empeoró cuando le dije “no…. mi mamá murió”, y el soltó a reir y a decirme “no mames, no seas parero”. En ese momento comprendí como mi yo del pasado hizo estragos en mi reputación del presente, me di cuenta como tomarse todo a broma hace que la gente no te tome en serio, me di cuenta de lo difícil que es cambiar la percepción de las personas.

Por supuesto, ahora las cosas son diferentes, para empezar ya no tengo amigos de esa época de mi vida. Mi apuesta es que mi nuevo “yo” resultó muy corrosivo para personas que estaban acostumbrado a un payaso imbécil. Sin embargo estoy liberado, las nuevas amistades que he hecho reconocen mi trayectoria, mis nuevos clientes me conocen como una persona que proyecta seriedad y confianza y aunque sigo teniendo ese toque “chistoso”, ya no dejo que domine mi vida.

¿Qué quiero decir con todo esto?, que no por ser un idiota en el pasado eso determinará el futuro. El cambio es posible, pero requiere de mucho trabajo, muchas frustraciones y sobre todo muchas lágrimas. Yo ya pagué el precio de ser un idiota, pero también pagué el precio por ser alguien destacado. Así como sufrí las consecuencias de mis actos adolescentes, ahora disfruto de las mieles de un trabajo bien hecho.

Para todos los que estén ahi, jóvenes, creyendo que no sirven para nada, sepan que hay un camino, que no porque alguien les diga “serás idiota para siempre” tiene que ser cierto, son sus decisiones los que los marcan y como muchas cosas en la vida, tienen un ligero retraso temporal.

Saludos de un ex-imbécil

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4 comentarios to “Apología de un estudiante mediocre”

  1. Jorge Ruiz diciembre 7, 2012 a 7:21 pm #

    Para tomar en cuenta 🙂

  2. Jorge Ruiz enero 13, 2013 a 7:57 pm #

    Me ayuda tu escrito en estos momentos, necesito re estructurar mi vida…

    • Miguel Barragán enero 13, 2013 a 10:12 pm #

      No te preocupes, todo llega a su tiempo y no de manera “mística y fenomenal”, solo te diré que las compañías influyen mucho, a tu edad (al menos en mi experiencia) es difícil encontrar a alguien “equilibrado” porque la etapa mismo requiere algo de descontrol. Ya verás que con el tiempo empiezas a darle importancia a cosas que tal vez ahora no lo hagas 😉

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